lunes, 19 de diciembre de 2011

Adios amigo

Después de tantos meses sin escribir, hoy retomo este blog. En memoria de todos los que se fueron y de los que lloran las pérdidas de los amigos. En memoria de todos los que entienden el dolor de perder un perro. En memoria de aquellos que respetan las lágrimas por los seres queridos, también de cuatro patas. Que sea un homenaje para los que pierden, para los que lloran, para los que recuerdan, para los que sienten, respetan, viven, crecen y aman. Y en especial para mi amigo Richard.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Mimo busca hogar

Este es Mimo





Y esta buscando un hogar.

Mimo es un cruce de drahthaar de poco más de un año. Es muy dulce, cariñoso y tremendamente sociable. Siempre deseando darte besitos y buscando atención. Mimo está sordo y fue abandonado en Valencia, lo que no debería ser un problema, puesto que esta socializado con personas y con perros… Hay que enseñarle con gestos, con luces. Es un poco brutote jugando, por eso algunos perros pequeños se pueden asustar. Le gusta estar con gente, con otros perros. Y busca alguien que le quiera y le cuide. A cambio el esta dispuesto a dar mucho cariño y ser fiel. Esta en Madrid, esperando la oportunidad de hacer feliz a alguien con suerte que decida acogerlo.

viernes, 1 de mayo de 2009

DOMESTICAR

Capitulo XXI
El Principito - A. de Saint Exupéry
Fue entonces que apareció el zorro: - Buen día - dijo el zorro. - Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie. - Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano... - ¿Quién eres? – dijo el principito. – Eres muy bonito... - Soy un zorro – dijo el zorro. - Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste... - No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado. - Ah! perdón – dijo el principito. Pero, después de reflexionar, agregó: - ¿Qué significa "domesticar"? - No eres de aquí – dijo el zorro –, ¿qué buscas? - Busco a los hombres – dijo el principito. – ¿Qué significa "domesticar"? - Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. ¡Es bien molesto! También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas? - No – dijo el principito. – Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? - Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..." - ¿Crear lazos? - Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo... - Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado... - Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas... - ¡Oh! no es en la Tierra – dijo el principito. El zorro pareció muy intrigado: - ¿En otro planeta? - Sí. - ¿Hay cazadores en aquel planeta? - No. - ¡Eso es interesante! ¿Y gallinas? - No. - Nada es perfecto – suspiró el zorro. Pero el zorro volvió a su idea: - Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá lejos, los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Y eso es triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. ¡Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo... El zorro se calló y miró largamente al principito: - ¡Por favor... domestícame! – dijo. - Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas. - Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! - ¿Qué hay que hacer? – dijo el principito. - Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca... Al día siguiente el principito regresó. - Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos. - ¿Qué es un rito? – dijo el principito. - Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. ¡Entonces el jueves es un día maravilloso! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones. Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida: - ¡Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar. - Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara. - Claro – dijo el zorro. - ¡Pero vas a llorar! – dijo el principito. - Claro – dijo el zorro. - ¡Entonces no ganas nada! - Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo. Luego agregó: - Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto. El principito fue a ver nuevamente a las rosas: - Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo. Y las rosas estaban muy incómodas. - Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa. Y volvió con el zorro: - Adiós – dijo... - Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. - Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo. - Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante. - Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo. - Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa... - Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

Hoy hace ya 3 años, y siempre presentes.

Los Enemigos de la Razón

Me gusta Richard Dawkins, porque es claro, conciso, y cree en lo que hace. Y además es divertido.
En cierto modo, el sentirse centro de la creación hace que el hombre pierda la necesidad de convivir en armonia con el medio que le rodea. Todo lo que nos rodea es inferior a nosotros y esta creado para nuestro uso y disfrute. Esta es la primera parte de uno de sus documentales.



UNDER PRESSURE

Estoy enfadada. Con el mundo, con mi especie. Así que hoy me voy a permitir una pequeña licencia musical.

sábado, 25 de abril de 2009

LA GRAN AVENTURA DE BURT

Un día cualquiera de primavera, en un hogar cualquiera, a una hora cualquiera, un anciano deja de respirar al lado del Cantábrico. Su única familia es un pequeño de cuatro patas, un peludo de 12 años, tan anciano como el, con el que compartía los paseos por la playa, las tardes de sol en un banco o una terraza y las noches al calor del hogar. Se llama Burt y es una preciosidad rubia aun llena de vida. Ese anciano tiene otra familia, que quiere heredar la casa, pero no los amigos. Echan a Burt a la calle. Pero Burt no conoce otra cosa que su hogar, no entiende y se tumba en la puerta a esperar que le dejen entrar de nuevo. A esperar que llegue su dueño y le abra la puerta, le saque de paseo. A volver a poner la cabeza en sus rodillas como siempre. Burt no sabe que hay personas sin corazón que no entienden el calor de su mirada. Esas personas solo quieren que desaparezca, así que le pegan una paliza para asustarlo. Burt no sabe que ha hecho. Le gustaría decir que el no ha matado a nadie, que el solo quiere entrar en su casa y dar un ultimo lametón a su amigo humano. Pero hasta eso le es negado.

Algunos vecinos se apiadan y le dejan comida. Pero un perro en un pueblo turístico no puede estar mucho tiempo en la calle. Así que los servicios de recogida se lo llevan a la perrera donde estará condenado a pasar sus últimos días esperando a que llegue la muerte en forma de inyección. Es el destino de tantos otros. Pero no, esta vez no va a ser el de Burt. Burt nació bajo el signo de una estrella especial. El no lo sabe, pero tiene hadas madrinas. Una de ellas, el hada madrina azul, se entera del caso y entre rabia y lloros pide ayuda a otra de las hadas madrinas, la rosa. Entre las dos buscan hasta en los sitios más recónditos esperando encontrarle. Y le encuentran finalmente, en una jaula en una perrera, asustado, sucio y desesperanzado. Buscan un hogar para el y aparece una tercera hada madrina, de color verde, que vive muy, muy lejos, al otro lado del océano, pegadita al Atlántico. Pero las varitas mágicas de las tres solo pueden hacer la mitad del camino. En los cuentos siempre son tres las hadas madrinas, pero no en este, en este son cuatro. Quedaba el hada madrina blanca, que con su mini mágico de cuatro ruedas puede recorrer grandes distancias en poco tiempo. Así que rompen los barrotes de la jaula, se llevan a Burt, convierten los harapos en un traje nuevo de fiesta y preparan a Burt para su gran aventura.


Hacen mil km para llevar a Burt a su nueva casita y otros mil de vuelta. Allí le está esperando el hada madrina verde. En un sitio verde, como ella, lleno de otros amiguitos de dos y cuatro patas. Burt esta nervioso, pero contento porque sabe que esta vez nadie le va a pegar. Nadie le va a volver a echar de casa.

Podría ser un cuento con final feliz, una historia de buenos y malos. Pero no lo es. Es una de tantas historias reales donde seres anónimos deciden plantar cara a la miseria humana y convertirla en alegría y belleza con un solo toque.

Como Burt Lancaster en “El hombre de Alcatraz” hay personas que entienden la importancia de la amistad y la compañía que un pequeño gorrión puede proporcionar. La historia de Burt es también el espíritu de esa película y en algún lugar alguien ha querido que termine sus días acompañando a otros, con su mirada calma y su lealtad perruna.





Para Conchi, Nuria, Chelo y Maria, por hacer de hadas madrinas en "La Gran Aventura de Burt"

sábado, 11 de abril de 2009

Hoy va de personas

Hace muchos días que no actualizo el blog. Parece como que se hubiera quedado cortado de repente. La verdad es que me ha pasado lo que a los escritores, que me he quedado en blanco después de las vacaciones.
Me gusta Internet. Gracias a este medio he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente, amante de los animales y de los perros que de otra manera no habría tenido la oportunidad de conocer. El resultado es que tengo un grupo de amigos desperdigados por la geografía a los que tengo muchas ganas de ver y pocas ocasiones. Todos muy distintos pero con algo en común. Ya casi ni recuerdo como era antes de empezar a aprender cosas de animales. Que hacia con mi tiempo libre. Como ha encajado esta afición que va mas allá de una mera afición. En este tiempo he cambiado todo lo que pensaba. Autores que me gustaban dejaron de gustarme y teorías que creía ciertas dejaron de parecérmelo. Cada vez veo más al hombre como un animal más dentro de toda esta variedad de especies que nos rodea. Que mira al mundo con la misma incomprensión que el resto de especies parecen mirarnos a nosotros.
¿Y por qué a algunos nos gusta rodearnos de miembros de otras especies y a otros no? ¿En qué momento pasan de ser incomprensibles a encajar todas las piezas y ver, de repente, que hay algo detrás, tan intangible y difícil de explicar como la amistad? ¿Cómo hacerle comprender a uno que no el porqué a mi si? Ni idea. Supongo que ni siquiera se podrá establecer una regla de aplicación general. O una teoría de alpargata. Y cada uno tendrá sus motivaciones. Si casi ni siquiera conozco las mías. Creo que me hacen entrar en un mundo de emociones sencillas, sin sentimientos retorcidos, sin segundas intenciones. Claridad, honestidad. Tengo hambre, como; tengo frío, busco refugio; si esto me hace feliz, lo repito. Cosas muy escasas de ver en mi mundo, donde todo es lo que no es y aparenta ser algo diferente. Laberintos de emociones de gente pretendiendo llegar a no se sabe donde a costa de no se sabe que. Ellos te devuelven a la tierra, al mundo de las cosas sencillas. Pase lo que pase fuera, cuando abres la puerta de casa y te vienen a saludar, todo lo malo queda lejos de repente. Es un superpoder misterioso, que convierte en esperanza todo lo que toca.




Chao Netz, echaré de menos los “desacuerdos”. Y las risas...